sábado, 20 de agosto de 2011

iv. Folio 12 - Centella, la gata perdida

Escribo líneas ciegas a la luz de una ventana
aún es muy tarde, muy noche
me quedo igual que como cuando era niña
castigada de pan y manjar
y lo único que quedaba era la pena
recordada al final del día.

Lo único que hay es la pena
de que ya nada esté como en la mañana
en que éramos tan felices
en que todo se quedó tan perfecto como no es nunca
en que de lo chica que estoy
me llena entera de nostalgias, de escalofríos.

Que se me pasen, que se me acaben
que se me dejen de salir en forma de ríos
cuando la casa que yo te hice alrededor, gata
se queda sin un pelo tuyo
sin un salto acrobático más
nos quedamos dos aunque sea para tres
nos quedamos dos celebrando las tardes que nos quedan
mirándonos la cara recortada sobre el tejado gris
que ahora siempre va a ser tu patio.

lunes, 18 de abril de 2011

iv. Folio 11 - Ñuñoa

Si fueras yo / te habrías ido rápido porque no soporto ver detalles / si fuera tú me amaría / tras mi pelo negro de cachirulos / tras mi pelo verde liso y desteñido / seríamos la misma cosa / Con mi guitarra sucia llena de recortes / con tu guitarra Fender pulida cada domingo / se toca el mismo cover a Pulp / suena la misma canción de Pixies / que hace recordar que de tan cerca / se quemó todo tan junto / que los cadáveres ya no se distinguen uno entre el otro / Si hubiera sido yo ese día me hubiera ido (como lo hice) / habría ignorado lo pedante de tu petitorio de adiós (como pasó) / No habría golpeado la puerta para que pensaras que no me importaba / me habría despedido de la sucia de tu madre paralizada por el miedo / de que te dieras cuenta de que eras un pequeño dios para las dos / hasta que yo me fuera de la casa / Habría salido de tu casa en medio de un silencio cantor / vomitada por mis ganas de llorar / pero no lloraría / En esa parte elegiría que fueras yo y me reiría de verte así / con la cara llena de hipócrita paz / mientras los japoneses de tus audífonos siguen gritando incólumes / a pesar de tu cara rota y el desperdicio de tu encanto.

iv. Folio 10 - El centro I

La mujer sola tiene botines de cuero abiertos en flor, falda color tierra y piernas un poco más claras sin pantys. Tiene cabello enmarañado, con electricidad probadamente infinita. Tiene cara de pena y ojos claros color lavaza. Tiene frío, seguro, porque es abril y a sus cincuenta y tantos el viento se cuela por todos lados. Nosotras, más jóvenes, la miramos desde lejos y yo -que me sé la historia- le cuento a mi compañera quién es, y cómo sé quién es. Tiene una cartera que no le calza, que es extraña porque tiene un color chillón y el dibujo de un sol que la hace una de esas demasiado alegres para mujeres como ella. Alegre como algo infantil, pienso, pero a mi compañera le digo que es muy naif, que me preocupa. Es tonto que me preocupe la pobreza, pero no lo digo. Es tonto que me preocupe su pobreza y no la mía, en realidad. Imagino que la encontró, fantaseo en voz alta. Va y viene como recorriéndose de memoria el camino. El camino de su vida, me digo en secreto. Miro hacia otra parte porque los ojos se me llenan y no quiero llorar cada vez que la veo. Será que soy sensible, y se me dibuja la sonrisa en la cara (una sonrisa invertida, llena de agua). Será que los golpes me ablandan, como a la carne el cucharón de mi abuela. La mujer se rasca un grano de la pierna que, a esa distancia enorme, se ve irritado y roto. Me dan ganas de desnudarme y darle mi pantalón, mi chaleco, mi calcetines, mis botas, mis sostenes. No es la primera vez que pasa. ¿El grano? dice mi compañera. Les llamo experiencias místicas y son lo más cerca que he estado de San Francisco.

martes, 8 de marzo de 2011

iv. Folio 9 - Cerro Navia II

i.
parece que se va a equivocar
parece que se va a equivocar
qué grande Sr. Lápiz
tremenda presión y sin error.



ii.
¿Qué quiere? Una cuenta RUT, digo. No, en serio, ¿qué quiere usted de mí?
Un silencio incómodo plagado de imperfecciones telefónicas se queda suspendido entre los dos auriculares.
Y qué puedo querer. Un ejecutivo se levanta medio existencial y soy yo el de los platos rotos.



iii.
La voladora se lanza al vacío y cae sobre una cobradora.
Ambas muertas,
la familia de la cobradora no entiende nada
la familia de la voladora no entiende nada.
Todos callados
van al Hogar de Cristo a comprar
el pack de lujo o el pack social
adivina cuál es cuál
adivina quién lleva orquídeas y quién claveles
sobre la tapa espejada del coche
sobre el castillo de madrecita en pena
de adiós por nada y para nada
de mensajes flotantes en la cocina
No comas tantas cochinadas
te dejé fideos con vienesas y salsa
Llévate la guitarra que hoy tienes clases
llévate la grabadora y grábate
Saca el pan del tostador
Tómate las gotas de Flores de Bach
Dos cucharadas de leche Calo
El Fitness por ocho días más
y dame un beso en las manitos, hija
para flotar y acordarme de lo pobres que fuimos,
de las cosas que no pudimos hacer.

sábado, 26 de febrero de 2011

iv. Folio 8 - Cerro Navia I

De tantas tragamonedas apenas sí se sabía qué había dentro de cada puerta. A simple vista no era posible distinguir entre la carnicería y la tienda de pantis tras la cortina de musiquita. La calle como un caminito de luces. La calle como Las Vegas en pobre.

Quién quiere tu suerte ahora. Dime quién.

lunes, 14 de junio de 2010

iv. Folio 7 - Fin de semana

i.
¿Por qué no me llamaste?
Yo, que te habría dicho cien veces te adoro
que hubiera soltado las velas
que hubiera quemado los bosques
y tú dirías "no hace falta que lo digas siempre
no te gastes, ni falta hace"
Ahora estoy esperando entre tono y tono
entre un hipido de llanto y otro
esperando con terror tu demora
mientras duermes más lejos que en cualquier lugar
en el que mi esperanza pudiera encontrarte.


ii.
El encuentro contigo no es novedad,
es irme por tu camino de piel suave
tus puntas quebradas de piel áspera
tu olor a vergüenza, tu gusto nervioso
a ojos que no se encuentran con los míos
que de tan en llamas me hacen exclamar
que me pierdo en tu cara tan chistosa
tan colorada a golpes que das y que te doy.
Me quedo en el segundo en que tiemblas
y tus ojos se confunden, se ríen quebrados
me quedo con la exclamación de tu espalda
tiesa, inmóvil como una foto antigua
con el brillo de una estrella en tu boca
de pecas, de soles que son ojos
en tu cara por momentos vuelta a la vida
tu cara, viva como por milagro.


iii.
Así, el último día
descubrí quien era yo
y me perdí en saber
cuál de todas era la verdadera.


iv.
La casa se ha ido
y se le queda la huella en la espalda
a la casa del lado.
Se le quedan pegadas las vigas y tejas
ya sin razón de ser,
los papeles y cerámicas a lo Mondrian
en una única gran pared desnuda
muerta de frío por la despedida
"adios, casa fantasmagoría
te quedas como olor
que sólo sirve para echar de menos"


v.
Podríamos seguir aquí sin notarnos
sin llegar a conocernos nunca
en el mar de cicatrices que tengo dentro.

Llevo las manos sin sanar
heridas abiertas, llenas de tejidos muertos
caminos posibles para tus palabras
ahí en mi espalda, ahí en mis piernas,
ahí en los vacíos incomprensibles que me traigo
atorados como mapas de regreso en blanco.


vi.
hace hambre
se siente como no haber comido nunca
se siente como no haberte visto en años
en botones que permanecen en su lugar
intactos
en pelo que se ordena sobre la cabecera
rizo uno sobre otro sobre otro
pelo y constelación de migas que nunca hubo
de un pan con miel que nunca estuvo
en mi boca
más de tres o cuatro palabras
más de una noche llena de autocomplacencia
entre me faltaste y me acordé.



vii.
Se queda vacía tu repisa de la ropa en domingo
cuando vuelvo, la veo con una amnesia vacía
no reconozco eso que falta, la huella de nada
y el recuerdo de tu ropa se me aparece
y no hay nada más que pueda hacer
aparte de conservar el espacio
las ganas de abrazo, el cariño
hasta la próxima semana.

martes, 27 de abril de 2010

iv. Folio 6 - Asuntos familiares

1.

Yo sentía lástima de él. No me hagas explicarte de qué, sentía lástima de que las cosas que dijera me hicieran cerrar los ojos y apretar la boca. Me daba lástima que lo rotearan, pero sabía que tenían razón. Me daba lástima la lástima del resto, la lástima que sentían de mí como si me la heredaran, como si la necesitara igual que cerrar los ojos, igual que rechinar los dientes, como si necesitara estar ahí siendo lo que me tocó ser y nada más, simple y difícil como la extensión más chica de la pena que él siempre causó ahí donde aparecía.




2.

Quiero que esto se termine

no me molestaría enterrada aquí en la basura, en la soledad de esperar ninguna cosa

empezaré a escribir cartas, empezaré con parches una inmensa despedida

todas las veces que necesité un abrazo tuyo estabas dormido, sin abrir nunca los ojos y ver el desastre que soy

no me hagas mentir que no quiero estar para siempre así

no me mires con esa cara de muerte

que por qué ya no te llevo en las manos,

que por qué ya no te digo que también quiero que volvamos a los volantines el próximo año

porque al final cada vez estoy aquí, atascada en lo mismo de siempre

y no me importa si quisiste a alguien como me quieres a mí

no termina importándome absolutamente nada.



i.

(12 de octubre - feriado)

Hola papá,

Ni que lo digas: siempre creí que tú te ibas a morir antes, pero las cosas siempre operan de maneras misteriosas. No quisiera contarte mucho sobre los motivos, que son largos y para variar me he equivocado, sino que hacerte un par de encargos muy personales. En primer lugar, te pido que te compongas de lo que sea que tengas y te portes a la altura, porque no podría morirme sabiendo que te dejo como carga a mi hermano. No me lo tomes a mal, pero si en esta vida no enderezas las cosas te quedas solo, y no quiero que Jorge tenga la culpa de no haberse hecho cargo de ti que ahora tengo yo. Lo otro es que uses bien el número de teléfono que te di y no la llames por cualquier cosa: estoy segura de que no va a creerte los teatros ni va a aguantarte los escándalos. Te doy gracias por todo lo que hiciste por mí, lo que te deba lo arreglamos en otra parte. Mira que acá con suerte me quedaron las piernas para traerme sola de un lado a otro.


Te quiere mucho,

Carolina.



ii.

(13 de octubre – 5 am)

Mamá,

Espero que al recibir esta carta estés más tranquila que la última vez que hablamos. Te escribo para que sepas por mí que me voy, y no sé cuánto me demore en volver, y la culpa es absolutamente mía. Estoy cansada de las cosas que se supone deba hacer y pasó lo mismo de siempre, lo mismo de esas tantas novelas, de esas tantas historias salidas de por ahí. Estos días supe que no podía ser feliz y no es bueno vivir con eso, aunque esta es la vida que te enorgullece. Te la regalaría si pudiera, ojalá pudiera. Lo siento mucho, mamá, pero no puedo ser nada de lo que esperabas. A menudo pienso que hubiese querido una vida tranquila, pero elegimos ser tan ambiciosas. Quiere a mis hermanos aunque se ponga difícil: controla tu rabia. No le cortes tanto el pelo al Benja para que le salgan los cachirulos y déjalo a veces decir las palabras mal, como si le salieran directo de los sueños.

No me gustó nunca el museo, me gustaban los chocolates y no lo supiste, pero ahora lo sabes.


Te quiere,

Carolina.



iii.

(13 de octubre – 6 am)

Tocho,

No sé ni cómo empezar esta carta. Esta carta quizás sea la única razón por la cual no me iría, pero me voy igual. No sé empezar de otra forma que no sea pidiendo perdón. Perdón, por todo lo que algua vez dije, hice o dejé de hacer y decir. Por todo el tiempo desaprovechado en peleas de dulces y juguetes. Ahora quisiera haber sido techo y canción, y familia, y tantas otras más cosas que te hubieran servido más que las tareas apuradas para la mañana siguiente. No he conseguido más que ser mis propias penas negras, el único mérito que tengo es habértelas escondido siempre. Perdona no haber tenido más alegrías que compartir, hermano, pero es que siempre fuimos tan pobres. No soy nadie para creerme algo, pero te pido que ahora que ya no estoy dejes de sentirte tan solo siempre. Hay cosas terribles que nunca pasan, pero eso no quiere decir que eso nos haga merecerlo todo. La vida es tan corta y nosotros hemos sido tan infelices que no sé qué más podría yo decirte. El resto ya lo sabes. Espero haber sido buena hermana y amiga, como tú que siempre has sido la alegría que tengo y mi única familia.

Cariño, aprecio, orgullo, perdones y sólo buenos deseos,

Caco.

domingo, 17 de enero de 2010

iv. Folio 5 - Artaud

Ayer leí la carta de Artaud. Tenía esa melancolía de las cosas que son demasiado bonitas o demasiado perfectas. Nos escribí un poema al respecto como quien se entrega una carta secreta. Nos calenté agua, nos corté unas rebanadas de limón, nos hice té. Nos corté un pedazo de pastel y nos serví la once, convencida de desentrañar en eso el misterio de mis poemas rotos. No con esa acepción: me refería a que estaban quebrados. Pensé en que las películas me habían hecho daño, pues era obvio que algunas cosas corrientes están destinadas a no ser más que eso. Cosas corrientes, carentes de todo sentido otro: si todo fuera especial explotaríamos sin remedio. Nos sentamos uno frente al otro a la mesa con nuestras tazas. Como todos los días desde hace un tiempo, la lámpara demasiado baja endureció nuestras facciones, empalideció nuestras pieles. Tu alma atormentada y deforme no pudo contener a la mía, idéntica. Tu alma torcida como la mía, que de tan cerca quema. Ninguno dijo nada. Anda tú a decirle a una serpiente donde poner sus deseos de muerte. Artaud decía adios, cariño inconmensurable, decía para siempre. Decía que todo de ser tan increíble lo estaba extinguiendo como si un fuego ajeno se lo estuviera comiendo vivo. La taza ardía entre mis manos y las tuyas. El vapor te hacía ver la cara más alegre, como si me escondieras algo. Tu sonrisa me hizo pensar en que eras de mi gusto, más que todos los libros que me hayan regalado. Nos convertimos a la vez en un par de gatos de cama y de agua tibia, pensé, y acaricié con súbito cariño la oreja de cerámica entre mis dedos y tus ojos.

iv. Folio 4 - (Viernes 25 a domingo 27 de septiembre)

1.

Tuve hoy la reinterpretación de un recuerdo. Lo digo así porque fue como un sueño, de esos que dan cuando estás mirando el mar o una gotera, o los lengüetazos de un gato. En este caso fue mi reflejo en la ventana del metro que a su vez era el reflejo de una completa desconocida flotando frente al túnel. La completa desconocida llevaba entonces una chaqueta, y un pañuelo, y el pelo revoltoso, pero pasaba que no conseguía del todo ser yo. La completa desconocida parada en el centro de una ciudad desarmada por un holocausto nuclear y la boca le sangraba de manera cosmética. De pie junto a un poste delgadísimo del que colgaban pieles humanas estampadas de flores, una peluca de nube y un olor a muerte súbita. En esa parte preferí no acordarme del recuerdo por mi propio bien.


2.

Hoy, para variar, me he ido sintiéndome menos que nada. Destruidas, para colmo de males, todas las cosas que dije o hice antes de volverme tan amargada. Que no me pida que sea sensata,porque no hay cosas peores que ser invisiblemente leal como una pared de ladrillo. Aunque llegara a pensar que en efecto es una irracionalidad, que no me pida, que no me diga o crea como debo o no debo sentirme. Yo me acuerdo de mis días dorados como quién se saca el atuendo para lanzarse al agua. Cómo odio que no tengan cuidado de mí, que estoy quebrada. Cómo odio.

iv. Folio 3 - (Miércoles 23 de septiembre)

1.
Decidí hacer una tortilla para que comas de regreso del archivo. A la receta le pondré cosas mías, pero igual la anoto aquí para que se me quede metida en la buena voluntad. Se me figura que mi letra chiquita es como la boca juntita: escribo apretado porque soy la más taimada del mundo.


2.

Me da pena andar en Metro sin ti. Antes el paradigma del Metro era un beso que alguna vez di en el piso de un vagón. Ahora me da sensación de solo, no me gustan las estaciones sobre tierra. Estaciones en las que, cuando ando sola, nadie pelea la ventana ni reclama el paisaje de líneas. Me vuelvo a casa sola, te echo de menos como si nunca te hubiera visto. Hacerte desaparecer en el reflejo de la ventana entre tanta necesidad de abrazo tuyo: improbable.

iv. Folio 2 - El mediodía (martes 22 de septiembre)

1.
Estoy en un taxi todo lo nerviosa que puedo estar. Nerviosa absurda, porque no es nada mío lo que me causa el nervio. Pienso en que los taxis me siguen siendo extraordinarios y que no importa lo mucho que haya trabajado o estudiado, sigo siendo una huasa. Cuando mamá viene a Santiago anda con nosotros de arriba a abajo en taxi, como si nosotros fuéramos las visitas. Pienso que lo hace porque ella fue feliz en los taxis que tomamos hace años, con papá del brazo, para ir del centro a la casa como Dios manda. No importa si tomo el taxi en Santiago o en Estocolmo, me acuerdo siempre de las oncesitas de sandwiches en miniatura y de nosotros montados en auto de vuelta a casa a fin de mes. En realidad no sé si así sea, no he viajado nunca a ninguna parte, pero me resulta romántico creerlo así. De mis papás lo único que me queda son los recuerdos. Me quedo nerviosa pensando en que las manos se me van a atrofiar de tanto gastarse en absurdos de cuaderno minúsculo. Me quedo pensando en que estás en mi casa y voy a verte hoy,en que te sientas en mi balcón y tomas sol un rato, y sonríes, y la luz y el calor se te quedan pegados a tu cara alegre. A tu cabezapajarito del color más cálido que yo haya visto.


2.

Es bueno que esta libreta tenga un pajarito. Gracias Brava por favor concedido. Es de bolsillo y tiene un pajarito pechirrojo de patitas ágiles. Yo siempre te reconozco venir por como andas, por como parece que tuvieras el corazón distinto al del resto de la gente. Pienso en que escribes por Internet y yo voy en taxi, lejos de decirte que sí, que vengas a almorzar conmigo, que quiero que vengas a matarme las ganas de abrazo, que quiero morderte la rodilla y que me tires un mechón de pelo ahora corto y te rías. Aguanto comerme en soledad los recuerdos y las ansias en este taxi. Espero que en casa encuentres las lengüitas de gato y te hagas un arroz, una carne y una ensalada de lo que haya.


3.

El gato Cascarrabias fue empanada, fue fugitivo. Fue de muchos colores y ojos fijos, duros como piedrecitas. Cuando pasaste en la noche, fue yo escondida entre la maleza del antejardín. Cuando pasé yo, fue tú dormido sobre el capó del auto más viejo de la avenida. Menos mal que Cascarrabias pasó septiembre, o definitivamente nos veríamos mucho menos durante la semana.


miércoles, 30 de diciembre de 2009

iv. Folio 1 - Cumpleaños

Gracias Brava por favor concedido.




1.
Acaban de terminar las fiestas patrias. Acordé una lista semiperfecta para ese día en particular. En realidad son dos listas: una de cosas y una de amigos. En la primera, los regalos. En la segunda, gente a la que pediré venir. Venir, ir, lo mismo, ¿verdad?. Me asusta el clima. ¿Y si en tu cumpleaños se pone a llover? Si eso pasa los meto a todos en una frazada y nos traigo a casa. Tendrían que llovernos payasos para matar el cumpleaños, querido, pero eso no va a pasar nunca. Lo que espero que pase es que te rías como en la foto para sacarte una foto nueva pero que esta vez sea de tu fiesta.


2.
Hice dos listas.

*Lista de amigos:
F., D., R., H., M., K., S., P., J., N., L.

(Y yo, pero no me pongo en la lista porque soy intermitentemente tú).

Si te fijas no hacemos ninguna palabra de ellos, a menos claro que DR. HJMKLNSPF sea un alguien muy capaz y preparado.

La otra es una lista de cosas.

*Lista de cosas:
Una botella de vino, un poco de queso amarillo, un poco de aceite para el queso y el vino, un poco de aceite para tus pies, un libro de regaloperfecto, un pastel de algo, una frazada de picnic, una canasta de picnic, un vestido, un par de medias de color, zapatos.

(Enumerar cosas se me da muy bien).

Quieres poca gente y quiero pocas cosas, estamos a mano. Quieres escaparte del circo, de los payasos, y yo quiero escaparme de los trapecistas, estamos a mano. Se me acabó la celebración y desde ayer no puedo pensar en otra cosa. Ojalá te rías mucho: sonrisas y fotografías. Ayer venía a casa pensando en esa foto y en tu cara dentro de la canasta de picnic, perfecta. Perfectas ambas, cara y canasta.


3.
Escribí lo que debe estar entre lo más meloso que haya oído, pero no me molesta. Es una suerte de poema que, ya que nadie lee este diario, acepto por una sola vez en lugar de lamentos. Es mejor anotar a la rápida suspiros en la mano. Anoche me puse tu polera en lugar de pijama, y toqué mi hombro derecho apenas con un dedo, y lo empujé burlonamente como si fuera tuyo. Y así la espalda, y así el estómago, la nariz. En la mañana sentada en el baño tu olor en mi hombro, suspiro, bostezo. Mi mano atrapa el aire precariamente contenido en ese ejercicio. En la mañana afecto raro de sentirme tú un rato, de esconderme en tu piel huraña, rara e invisible.


4.
Fiesta de cumpleaños

Tengo pensada una fiesta de cumpleaños y te escapas.
Le pongo papas, vino, un poco de música a mi gusto,
subes rápido al cerro, me sacas la lengua a la carrera.
Le pongo una hora, un lugar, un regalo en papel dorado,
te acuestas sobre la selva de explicaciones planeadas.
Le pongo mis ojos cansados a tu cara medio escondida
en el ruido de perdones a lo lejos con tu risa más atrás.


5.
Estoy acostada de panza aquí, dentro de tu polera, e imagino que estás allá, dentro de otra polera, con la cabeza en otras personas que no son yo. Pensando en otras largas lista que asustan. Ojalá sean listas, si no lo son me largaría a llorar como nunca. Mejor me duermo: mejor sería dormir cada vez que el miedo le esté apretando alguna cosa adentro a una. Mejor me duermo. Adios.


iv. El cuaderno de los lamentos

El cuarto cuaderno lleva como título De los lamentos. No habrá mucho que decir al respecto. Eso sí, el título tiene por objeto evidenciar una puesta en crisis que va más allá de tener penas de llanto y que puede trascender al lamento como queja. En este caso, el lamento además puede coincidir con la petición desesperada de algo, sea esto bueno o malo. Es, en términos puros, un diario de vida común y corriente.

Este, a diferencia de todos sus antecesores, es un diario en mayor medida epistolar: cargado de cartas que nunca llegaron a mandarse. Es muy posible que las cartas suplanten a las relaciones reales, convirtiéndose en conversaciones imaginarias en las cuales las personas se transforman dolorosamente en meros personajes. Si bien la presencia de cartas es llamativa, en este cuaderno siguen estando presentes como género el cuento y la poesía: al final cualquier formato vale para lamentarse, pues es el tono del lamento el que finalmente resignifica las palabras.

iii. Folio 15 - Santiago IV

(en proceso)

iii. Folio 14 - Valdivia

iii. Folio 13 - Laguna Verde

iii. Folio 12 - Valparaíso (el segundo)

viernes, 20 de noviembre de 2009

iii. Folio 11 - Santiago III

i.
Es la micro
frente a mí viene un señor
que es igual, pero igual
al poeta Bertoni

Y la poesía se le sale por todas partes.


ii.
Es un recuerdo.
Tu respiración se siente
igual a caerse de cabeza
duele como si rompiera
como si desarmara algo

Ojalá pudiera hacerla algo mejor
que un montón de papel y palabras.


iii. (Maleta de viaje)
Recuerda llevar los libros
esos que se leen en voz alta
y las poleras que alegran las caras
pero también tu risa.
Hay que meter dos pares de todo
planchados unos, otros enrollados
poner en el fondo papel de regalo
para que el vacío se vea alegrón.

Hay que cruzar los dedos para pan
y también para encontrar algo de tomar.


iv. (Piropo para bigotes)
Quién fuera azúcar flor
quien fuera mayonesa de italiano
o pasta de dientes Colgate plus
o saliva mañanera más que sea.

v. (Boca estirada)
Quién fuera llaves o documentos
esa cosa que nunca encuentras
que te estira la boca como si con ella
fueras a encontrar lo que se te pierde

Boca, no eres radar más que de mí misma.

martes, 17 de noviembre de 2009

iii. Folio 10 - Tongoy (recuerdo)


Allá en la playa, en Tongoy, les conté a mis primas una historia de niñas. Un cuento de esos que se pueden decir de memoria cualquier día, sin preocuparse de lastimar a alguien en el intento. Ellas querían leer mis cuentos, pero son niñas apenas. Queremos leer tus cuentos, dijeron, pero les leí uno y no lo entendieron. Demasiado jóvenes, más que probable. El segundo les dio una pena inexplicable, el tercero un escalofrío y se callaron. Entendieron que yo era un personaje, y tenía pena. Al final les escribí una historia de niños que nos hizo sentir mejor a todos: una historia en la cual yo aún era niña y mi mundo estaba tan vacío como para no comprender más allá de un escalofrío los vacíos insoportables.

Había en la ciudad una niña llamada R. Había en ese lugar esa R que quería escaparse al mar como fuera, en el caballo de alguien o colgada de un diente de león volador. R tomó sus cosas, el vestido de puntos y los dos pinches de flor, y las puso en su maletita de terciopelo rojo. Puso dentro de la calceta un pie, luego el otro. Listos los soquetes de la buena suerte dio un paso, una pausa, un paso. Cuatro-ventana, y en todo el viaje no paró de mirar fascinada cómo era que la gente se escapaba. Una galleta con chips de chocolate, un sorbo de jugo. Una galleta tras otra y una constelación de migas sobre las rodillas. Vio primero las lineas verdes que hacían las hojitas quietas en el vidrio que se movía más rápido que un pájaro. Luego un triángulo minúsculo de cielo entre los cerros imponentes. El mar se movía tan rápido, saltaba tras las dunas como un niño que persigue a sus papás en un paseo. Cuando en un momento se perdió de vista por completo, R echó de menos al mar por primera vez. Cuando se mira al mar por primera vez es que se empieza a perderlo. R sintió nostalgia de todas esas veces que, en la ciudad, deseó meter la cabeza al agua y hablar con los peces a los que conocía únicamente de los libros. Sintió nostalgia de las veces que, al regresar, querría meterse al agua hasta ahogarse y no podría porque ni toda el agua de la ciudad le alcanzaría para eso. Extrañó sin saber todas las veces en que querría comer palmeras y la ciudad le daría indefectiblemente McCombos. Echó de menos esa angélica ignorancia de la gente que nunca ha salido de su casa y que, por tanto, no tiene nada que perder porque nunca se ha ganado nada.

iii. Folio 9 - Santiago II

i.
Mi corazón le sirve tanto a ese niño
pero yo no quiero que me lo regalen
tenerlo así de entero, aunque parchado
me costó los dedos, tres dientes, golpes,
moretones de noches en vela, silencios.

Le sirve y no quiero dárselo porque
después de tanto ya ni late ni duele
lo único que hace es entintar mis manos
manchas como sonámbulos negros, desolados
historias de tinta con olor a malos cuentos.

Mi corazón le sirve a ese niño tanto tanto
pero yo no quiero que regalen lo que es mío
a ratos le dará pena de llanto sin saber, amargo
alegrías breves como de monstruo avergonzado
antes sería mejor que se muriera de una vez.


1.
Cuando estemos juntos
y nuestra tarde se te haga
insoportable, tan eterna
puedes tomar de mi espalda
la cuerda que nos ata
y cortarla de un mordisco
con el hambre que tienes a ratos
guardada en besos que dan susto.


2.
Darte un beso se siente
como caerse del sextopiso
un beso, la cabezarota en dos
otro, el par de piernasmuertas.

Cada beso tuyo un huesoroto
yo toda quebrada, tú matón.