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domingo, 17 de enero de 2010

iv. Folio 5 - Artaud

Ayer leí la carta de Artaud. Tenía esa melancolía de las cosas que son demasiado bonitas o demasiado perfectas. Nos escribí un poema al respecto como quien se entrega una carta secreta. Nos calenté agua, nos corté unas rebanadas de limón, nos hice té. Nos corté un pedazo de pastel y nos serví la once, convencida de desentrañar en eso el misterio de mis poemas rotos. No con esa acepción: me refería a que estaban quebrados. Pensé en que las películas me habían hecho daño, pues era obvio que algunas cosas corrientes están destinadas a no ser más que eso. Cosas corrientes, carentes de todo sentido otro: si todo fuera especial explotaríamos sin remedio. Nos sentamos uno frente al otro a la mesa con nuestras tazas. Como todos los días desde hace un tiempo, la lámpara demasiado baja endureció nuestras facciones, empalideció nuestras pieles. Tu alma atormentada y deforme no pudo contener a la mía, idéntica. Tu alma torcida como la mía, que de tan cerca quema. Ninguno dijo nada. Anda tú a decirle a una serpiente donde poner sus deseos de muerte. Artaud decía adios, cariño inconmensurable, decía para siempre. Decía que todo de ser tan increíble lo estaba extinguiendo como si un fuego ajeno se lo estuviera comiendo vivo. La taza ardía entre mis manos y las tuyas. El vapor te hacía ver la cara más alegre, como si me escondieras algo. Tu sonrisa me hizo pensar en que eras de mi gusto, más que todos los libros que me hayan regalado. Nos convertimos a la vez en un par de gatos de cama y de agua tibia, pensé, y acaricié con súbito cariño la oreja de cerámica entre mis dedos y tus ojos.

martes, 4 de agosto de 2009

III. Folio 2 - Lota (por San Pedro de la Paz a Concepción)

i.
Me he convertido en una de esas
que tienen la boca llena de pena,
que tienen dedos largos anudados
y ojos de serpiente que come animales de río

mis dedos se volvieron tan largos
ay, que ya se anudan manos y pies
mis ojos de araña se me hinchan,
me flotan sobre la cara perdidos y muertos


ii.
Me da lo mismo qué comer / siempre que me haga recordarte como chiste un rato.


iii.
Las niñas más bonitas siempre me parecieron las que tenían una pena de llanto. Algunas la tenían siempre en la boca, como una costrita, se la comían y la devolvían a ratos. El resto tenía una poca en los ojitos, donde se les caen las lágrimas a las demás. Atrás de los pelos que están en el camino que va de una ceja a la otra, aun con esa apariencia dibujada por lápiz de cera. La más bonita tenía la pena de llanto en la rodilla, con forma de hoyo: se pasaba una lana roja por entremedio de ella y sonreía apenas con dientes invisibles.


iv.
Andenes del 38 al 42
donde 42 se ha convertido en el número de la bestia.


v.
Me dan ganas de salir corriendo al calor que sea, de tomar vuelo, pero me quedo sentada escribiendo sin saber qué hacer. Hace un frío de la condenación en el camino, un frío al que parece no sobrevivieran ni las penas. Me quedo sentada sin saber más otra cosa que esperar un abrazo y tener una pena para congelar. Hace un frío del infierno en el sur, un frío al que pareciera no sobreviviera ninguna pena más que la mía.


vi.
Siento nostalgia de esos tiempos / en que tener corazónroto estaba tan de moda.

lunes, 9 de febrero de 2009

II. Folio 16 - Epílogo sin título (enero 2009)

i.

Y siempre tengo que bancarme / mis lágrimas sola / como si fueran algo incómodo / y nada elegante.

Llorar es de hecho / la incomodidad y la rotería misma.

ii.

A mí las lágrimas se me dan / con tanta naturalidad / como la tiza resulta en dibujos / como el azúcar resulta en mermelada / como sí.

Se me dan tan simples / que parece que ojos y boca / nariz y margaritas / hipos y grititos / fueran una orquesta en la lluvia / a punto de venirse abajo.

iii.

Si lo único que quiero / es que tenga piedad de mí / pero a cada que me descubro el rostro y se lo grito / él levanta los puños / y me cierra la boca.

iv.

Me gustaría ser algo más / que llanto y llantito / que caro y carito / pero es cuando pasa eso / que me siento menos armada / de mí misma / de lo que me permito andar.

v.

Oye / tomas la pastilla / y sí / la tomo / y ni falta que hace / por qué ni falta / porque no podemos tener hijos / porque no podemos tener nada más que esto / y esto es malo / y por qué no / porque Dios no da hijos a los infelices / y por qué es malo / porque no hay cosa más cruel / que mirarnos a la cara y no ver nada / porque nadie quiere venir aquí / a este lado de mi rostro / y darme algo que no cueste / y darme algo que pueda atorar / entre el pecho y la espalda.