Mostrando entradas con la etiqueta metrosantiago. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta metrosantiago. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de enero de 2010

iv. Folio 4 - (Viernes 25 a domingo 27 de septiembre)

1.

Tuve hoy la reinterpretación de un recuerdo. Lo digo así porque fue como un sueño, de esos que dan cuando estás mirando el mar o una gotera, o los lengüetazos de un gato. En este caso fue mi reflejo en la ventana del metro que a su vez era el reflejo de una completa desconocida flotando frente al túnel. La completa desconocida llevaba entonces una chaqueta, y un pañuelo, y el pelo revoltoso, pero pasaba que no conseguía del todo ser yo. La completa desconocida parada en el centro de una ciudad desarmada por un holocausto nuclear y la boca le sangraba de manera cosmética. De pie junto a un poste delgadísimo del que colgaban pieles humanas estampadas de flores, una peluca de nube y un olor a muerte súbita. En esa parte preferí no acordarme del recuerdo por mi propio bien.


2.

Hoy, para variar, me he ido sintiéndome menos que nada. Destruidas, para colmo de males, todas las cosas que dije o hice antes de volverme tan amargada. Que no me pida que sea sensata,porque no hay cosas peores que ser invisiblemente leal como una pared de ladrillo. Aunque llegara a pensar que en efecto es una irracionalidad, que no me pida, que no me diga o crea como debo o no debo sentirme. Yo me acuerdo de mis días dorados como quién se saca el atuendo para lanzarse al agua. Cómo odio que no tengan cuidado de mí, que estoy quebrada. Cómo odio.

iv. Folio 3 - (Miércoles 23 de septiembre)

1.
Decidí hacer una tortilla para que comas de regreso del archivo. A la receta le pondré cosas mías, pero igual la anoto aquí para que se me quede metida en la buena voluntad. Se me figura que mi letra chiquita es como la boca juntita: escribo apretado porque soy la más taimada del mundo.


2.

Me da pena andar en Metro sin ti. Antes el paradigma del Metro era un beso que alguna vez di en el piso de un vagón. Ahora me da sensación de solo, no me gustan las estaciones sobre tierra. Estaciones en las que, cuando ando sola, nadie pelea la ventana ni reclama el paisaje de líneas. Me vuelvo a casa sola, te echo de menos como si nunca te hubiera visto. Hacerte desaparecer en el reflejo de la ventana entre tanta necesidad de abrazo tuyo: improbable.