domingo, 1 de febrero de 2009

II. Folio 15 - Los platos rotos (enero 2009)

i.
Mi vida está lo arruinada / como para que venga y me escupa en la cara / como para que me ignore con violencia / como para que me insulte y grite a mordidas / Está lo arruinada como para que me arroje de la mesa / como a una mosca muerta.

Mi vida está lo arruinada que haga falta / como para que la arroje al río y le tire una piedra / como para que le ate una cuerda al cuello / y termine por hundirla / así atrapada por el medio del cuerpo.


ii.
Y lloro estando sola / acompañada / con motivo / y sin razón alguna.


iii. (El amor para siempre le duró dos semanas)

El amor para siempre le duró dos semanas / y menos: / entre el 3 y el 14 hay sólo 11 días.

El amor para siempre le duró menos que a mí un paquete de toallas higiénicas / pero no dije nada / porque no quise que nadie más que yo / pagara los platos rotos.


iv.
Y no me entero de más hasta que estoy boca arriba / en el piso / y he llorado toda el agua que pueda salir por mis ojos / y he vomitado todo lo que ha entrado por mi boca / incluso eso / incluso la saliva y el aliento ajenos / y me ha venido el recuerdo de las palabras completas / sin cortes / y me he rendido a hipar como una loca / a caminar nublado y blando / y a que todos en la calle vean mis ojos de vidrio y sientan lástima / de tanta carolina que tengo encima.

sábado, 31 de enero de 2009

II. Folio 14 - Carta no enviada no. 3 (enero 2009)

Y está bien. Lo único que querías era acostarte conmigo y debí comprender antes que después de eso ibas a desaparecer como si la tierra te hubiera tragado. No es que me lo banque, por supuesto, pero puedo entenderlo con claridad. Yo sabía, cuando te abrí la puerta, que después de que te fueras no íbamos a vernos en un montón de tiempo. Mi cabeza, de hecho, decía nunca, nunca más, pero yo no pongo mucha atención a los pensamientos cuando son tan inconvenientemente absolutos. Incluso ahí, arrastrada entre las mordidas, yo quería seguirte viendo la próxima semana, la que venía después de esa y así. A pesar de las demasiadas palabras tontas que se te salían, ofendiéndome, yo tenía el plan trazado de antemano y ya nada podía llegar más allá de mi piel y de esa mañana. Tengo claro que el control era mío ese día como nunca lo había sido. El poder de las mujeres siempre está, en última instancia, en follar o llorar. El poder de acercar o alejar a las personas con un gesto tan vacío como el desnudarse. El poder de hacer sufrir a otros simulando autoflagelación. El poder, al fin y al cabo, de usar al cuerpo como llave maestra para solucionar todos los conflictos, para esconder todas las cosas que no pueden resolverse como gente civilizada, para engañar.
Las personas a las que les he contado no vieron nada lógico en mi manera de razonar, pero si te necesitaba fuera tenía que primero hacerte entrar: tenía que abrir las puertas de mi casa, abrir las piernas y dejarte ir como si fueras mierda que se va por el río cuando ya no es posible retenerla más. Te querías acostar conmigo, y así lo hicimos: nada mejor que hacerte el favor para que de una buena vez dejaras de estar escondido por mis rincones.
Yo te había dicho alguna vez antes que los besos que nos dimos siempre me sabían mejor a mí, que te quería más, pero la verdad es que en esos gestos artificiales de afecto la que más asco sentía era yo. Muchas gracias por darme el primer beso sin amor que me han dado, por meterte conmigo por primera vez sin ningún tipo de sentimiento y por la única palabra de afecto de todo el round: un por favor de tripas que casi te creo, y cuyo único objeto era conseguir que me la metiera en la boca como si te debiera algo más que estar ahí, en silencio. Como si estuvieras haciéndome a mí un favor aterrizado desde una nave espacial. Nunca pediste nada por favor y nunca fuiste primero en nada antes, está claro. Fuiste el primero en esas cosas, pero no sé si te darán orgullo como las que tanto ambicionabas cuando no decías tantas mentiras para salvarte el pellejo.
Aunque a las personas a las que les he contado no les pareció nada lógico, creo que conseguí que no te aparecieras más a arruinarlo todo. Aunque del proceso me queden las cicatrices de una que otra mentira creída a medias, desperté violentamente del mal sueño que teníamos como único punto de encuentro entre nosotros.

domingo, 21 de diciembre de 2008

II. Folio 13 - borrador hecho en base a sensaciones atroces (diciembre 2008)

ii. Mi pena se va al barrio alto

Mi pena antes era más estática / se quedaba paseando siempre entre la Plaza Egaña y la de Ñuñoa / a veces iba de subida / generalmente más iba de bajada / pero de la nada se hizo la costumbre de ir hasta Grecia y quedarse en la biblioteca municipal.

Mi pena está en subida, explorando / en cualquier momento me llega a la autopista y se va.

ii. (Después)

Y después quiso vestirme él, como una muñeca / y yo, que estoy más sola que la palta en la lechuga, me dejé vestir y maquillar / y me sentí una muñeca de verdad / y me comí el llanto que ninguno de los dos oyó venir por entremedio del hoyito en mis medias sucias.

iii.

Mentir es lo único que puede defender / a las gentes como yo / que están así de solas.

iv. Mi pena se volvió más chic

Yo me acuerdo de que antes / antes de dos, tres años máximo / mi pena disfrutaba de las cosas simples / ahora le gusta sentarse en el Forestal los días domingo / y escuchar en el ipod a She Wants Revenge / y mirar a los malabaristas regocijarse de su miseria.

i. (La muñeca)

Tiene los ojitos cosidos para no ver / para ser puro adentro que duela / puro adentro inundado con el agua que no puede salir / no ve nada, pero es bueno que nadie la vea llorar / entre las puntadas entra una luz que le molesta / pero si aguanta tiesa la mueca de la boca nadie se da cuenta de que algo pasa.

Adentro / las cosas flotan todas en una alcantarilla de lágrimas.

II. Folio 12 - El secreto (diciembre 2008)

Cuando hicimos la cámara de fotos de cartón, cuando yo tenía como cinco o seis años, creí que cualquier cosa se podía hacer entonces. Mi tío, que había comprado una pequeña cámara de juguete en un viaje al D.F., se esmeró en imitar a la perfección todo el proceso con el cual ésta fijaba las imágenes. El aparatito, que cabía en mi palma de niña, estaba todo desparramado sobre el escritorio del cuarto de mi tío, y no sirvió nunca más para nada que no fuera guardar monedas de diez pesos (cincuenta pesos, para ser exactos) muy bien ordenadas una sobre otra en su interior. Mi tío, todo lo que tocaba terminaba destruido. Después de unos días, nos dio a Jorgito y a mí una caja de cartón con un pequeño hoyo en el centro de una de sus caras. Tenía, eso sí, un pedacito de terciopelo azul cubriéndolo mientras no hubiera que exponerlo. ¿Exponerlo a qué? A la luz, Laurita, la luz pone al papel muy malo. Me senté con la espalda muy recta, apoyada en el respaldo de la silla. No te vayas a mover, anunció mi tío. Jorgito descubrió el hoyito y lo pegó a la caja con un pedazo de escoch. Ellos se quedaron mucho más quietos que yo, mirándome fijo. El sol me daba de lleno en la cara y me hizo ver, en cosa de segundos, sus caras plagadas de motas de colores. Ay no te asolees, Laura, que te van a aparecer más pecas. La voz se oía desde dentro de la casa, pero me pareció escucharla desde dentro de mi cabeza. Ninguno de los tres movió un músculo. Las caras de Jorgito y mi tío me parecieron tan chistosas. ¿No era acaso la caja la atracción? Esa caja de zapatillas con un hoyo de alfiler. Con hoyito y terciopelo, en todo caso. No soy yo, me dieron ganas de decir, pero supuse que de lo callados era probable que el sonido también hallara una forma de entrar a través de ese pequeño orificio, igual que la luz. Me alarmó pensar en que se vería el gritito histérico de mamá en la foto, flotando sobre mi cabeza. Sus ¡Ay! Malignos, sus ¡No! Imprudentes. Cállate, mamá, tú nunca entiendes nada. Señor fotógrafo, dijo mi tío consultando su reloj, prepárese para obturar. Diez, nueve, ocho, siete, seis. Jorgito sostenía la pestañita de terciopelo en el dedo, enredada en el escoch. Mi tío miraba fijo el reloj con el índice hacia arriba, como haciendo parar un taxi. Como dirigiendo la orquesta, pensé, y agradecí que se acabara porque la nariz me picaba como nunca. Y uno, y baja el dedo Jorgito, y tomo aire como saliera del viaje submarino más largo. El tío se olvida del reloj, de pasada también de todo lo demás, y se lleva la caja lejos, al cuarto oscuro, donde nadie pueda dar fe a ciencia cierta de lo que hace. Cuando sale soy toda negra sobre el fondo blanco, y me explica que la foto está al revés. No, no te asoleaste hasta chamuscarte, Laurita, tranquila. Se supone que mi tío nos traería la caja una vez más en su próxima visita, sin embargo de ese día sólo nos quedó la foto, el negativo y las bocas abiertas de la impresión.

sábado, 29 de noviembre de 2008

II. Folio 11 - Simulacro de espectroscopía infrarroja no. 1 (noviembre 2008)

To a heartless bastard / From a heartless bitch

1.
Estar así / debería ser delito.
Los que deseamos / nunca sabemos bien qué.

2.
Debería entender que la gente sufriente es / además / gente egoísta / egoista y masoquista / S/A / (con furia) / (a ratos) / (como a sorbos intermitentes).

3.
Hacer un cuento / traducir una canción / abrir el cuento con una línea de la canción / con una cita / lastimarte / seguir así hasta que caigas muerto / seguir así / siempre.

4.
Y yo te espero / siniestra / y tú me miras, foto / y te tengo miedo / : los espejos siempre se quedaron más quietos que tú / fantasmita regodeón.

5.
Y después de todo el ruido / después de todas las imágenes, del frío / el silencio es denso como una imagen borrosa / y las frazadas pierden los contornos / las hilachas / luego las sábanas, el colchón / después mis piernas, mi ombligo / luego yo/ después.